Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 7 de junio de 2012

Black Mirror (2011). La ciencia ficción británica, siempre alegrándonos el día


Como diría Philip K. Dick ¿Especulan los gatos con la escasez de juguetes que pitan?

Aunque el género de ciencia ficción ha sido bastante habitual en la tele, y más desde que los efectos especiales van algo más baratos, el estilo de esta suele ir más por la rama del entretenimiento o historias menos posibles. Que, ojo, tampoco quiere decir nada malo porque Battlestar Galactica y sus cylons estuvieron comiéndole la cabeza al público durante cuatro temporadas, y bastante dio que pensar. En cambio, no ha habido muchas muestras de ciencia ficción más especulativa, o incluso crítica, que siempre se quedó más para la novela y en menor medida, para el cine.

 

En Black Mirror no se cortan, y esta miniserie cuenta con tres episodios, independientes entre sí, mucho más cercanos a las intenciones de Orwell o incluso, a las historietas que aparecían en 2000 AD. Cada uno de ellos presenta una situación un poco inverosímil, que puede ir desde el presente, hasta un futuro cercano, imaginado o no, o tirar por la rama de la tecnología. Pero los tres están muy relacionados con problemas y situaciones reconocibles, y sobre todo, por cómo estos han afectado a
la forma de pensar en los últimos años.


 


Si yo hubiera sido terrorista, pediría cosas lógicas. Como un cargamento de por vida de Cadbury´s con caramelo.

Probablemente el plato fuerte sea el primero, Nacional Anthem, en el que no duda en meterse de lleno en el tema de las redes de información, la opinión pública y lo que esto supone para las figuras políticas o mismamente, a la forma de protestar y las nuevas ramas del terrorismo. El punto de partida lo dice todo: la princesa de Inglaterra es secuestrada y el responsable exige como rescate que el primer ministro cometa un acto de zoofilia que deberá retransmitirse a nivel nacional. Con una propuesta tan exagerada, el episodio describe bastante bien la imposibilidad de parar cualquier tipo de información una vez se filtre a la red, cómo un supuesto problema de estado puede afectar personalmente a una figura pública, y, teniendo en cuenta la situación que plantea, critica el morbo de los propios espectadores y cómo el público deja de percibir a los políticos como figuras con una vida privada, para verlos como algo de lo que hacer mofa. Me imaginaba un desenlace pesimista, pero los guionistas lo superan con creces, y no queda en muy buen lugar ni la familia real, ni el público, ni siquiera el propio gobierno. Y por no dar mas pistas, ni hasta el terrorista en cuestión quedó allá muy contento.

 

Hoy, el mundo es un lugar un poco menos halagüeño gracias a Black Mirror

Los otros dos episodios van un poco más por la ciencia ficción clásica: el segundo describe un futuro no muy agradable, en el que se mezcla el tema del consumo de energía con, una vez más, los medios de comunicación, que son un poco el blanco de los guionistas de Black Mirror. Tampoco es especialmente alegre, pero sí tiene un pelín más de humor negro, con sus ciudadanos teniendo que pedalear para producir energía y ganarse el sustento, y su planteamiento me pareció bastante más reconocible, recordándome un poco a escenarios bastante conocidos, e incluso, a series como El fugitivo (tanto la versión antigua como la nueva de Ian Mckellen).

El último es un episodio más centrado en los dramas de los personajes, y sobre todo, cómo una tecnología un poco extraña, que serían unos chips que graban todo lo que estos ven y oyen, puede afectar a sus vidas. Este, sin tener el atractivo de lo rompedor que fue el primer capítulo, o el escenario más de ciencia ficción del segundo, consigue crear bastante angustia con una idea muy simple: ¿y si la gente pudiera repetir con toda fidelidad sus recuerdos, una y otra vez? Eso sí que es una vuelta de tuerca al concepto de “rayarse”. De la realización, como puede esperarse en una serie tan cortita, no hay queja: no es que haya gran cantidad de efectos especiales, pero mantiene un aspecto formal, más de película, que me recordó un poco al Sherlock de Steve Moffat.

En conjunto, Black Mirror ha hecho honor a su nombre: todos los escenarios que aparecen en esta serie pueden reconocerse, pero desde una forma de ver el mundo mucho más pesimista y oscura con todo, desde la evolución de la tecnología hasta el desarrollo de las personas, y aunque sea su primer episodio el que se lleva la palma en cuanto a propuesta chocante, el resto también mantienen un interés bastante alto.

5 comentarios:

satrian dijo...

Pintan unos futuros bastante duros y la peor parte se la llevan la tecnología y las redes sociales, son tres capítulos muy interesantes, aunque el primero supera con creces a los otros dos.

Ex Nihilo dijo...

El primer episodio supone un soplo de alegría y buen rollito... Venga... No. Es impecable en sus formas y su mensaje es devastadoramente pesimista.

Sigo teniendo pendientes los otros dos, porque la ciencia ficción es la alegría de la vida... ¿Tiene que serlo, verdad? Tiene que serlo

Renaissance dijo...

Satrian: el primero es el plato más fuerte, pero el resto mantiene mucho el nivel. Y si lo piensas, la última historia es bastante más angustiosa.

Ex Nihilo: Black Mirror, la alegría de la huerta en la tele británica...No, me temo que en los dos últimos siguen con el mismo mensaje. Deberían haberse planteado poner los créditos finales al ritmo de Always look on the bright side of life, para animar un poco.

La Minomalice dijo...

Parece muy interesante! Además, produce una inquietud real, pues los medios de comunicación nos parece cada día más que se nos van de las manos. Todo vale con tal de crear imágenes que mantengan al espectador entretenido. Los seres humanos dejan de serlo para quedar convertidos todos en actores eternos a su pesar y a ser posible humillándolos lo más posible. A mí me da bastante miedo hasta dónde se puede llegar a saber de nosotros y cada día más vamos a tener la sensación de estar en un gigantesco gran hermano. Lo de los recuerdos especialmente me ha dejado temblando. Ya nos cuesta mandar algunos a un rincón oscuro de nuestra memoria, sabiendo siempre que ahí siguen, pero en sombras. Sería horroroso sacar a la luz una y otra vez los recuerdos!!!

El gatico como siempre adorable!! Y sí, creo que los pobres se lo preguntan a menudo los de la escasez de juguetes que pitan. Si el mundo estuviera hecho como los gatos eligieran, todo iría mucho mejor!!

Besos y que tengas un buen fin de semana!!
Ana.

Renaissance dijo...

Como serie es interesante, pero también desesperanzadora. Y para eso, se lleva la palma el último. A mí también me resultó mucho más impresionante por un tema tan simple como los recuerdos: en teoría, estos pueden borrarse (a fin de cuentas, el sistema funciona como una cámara), pero los personajes los usan para reprocharse una y otra vez errores que cometieron...Una idea bastante horrible, en mi opinión ¡Bastante daño se hace ya la gente tirando de memoria!
Y sí, sería interesante ver cómo estaría hecho el mundo si lo eligieran los gatos. Me inclino a pensar que sería más suave y mullido que el actual.

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