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lunes, 11 de abril de 2016

Hellmouth (2014). El cementerio noir, el descenso a los infiernos, y un poco demasiada infografía


De vez en cuando salen películas, pensadas para competir en taquilla, donde su estética se sale mucho de lo habitual. De forma que, o bien convence, o levanta odios, pero el público no queda indiferente. Algo que pasó, hace años, con las adapciones de Frank Miller o el Immortals de Tarsem Singh. Pero en producciones menos populares esta es una técnica más habitual y que por lo general, da resultados mucho mejores: los presupuestos ajustados hacen que se aprovechen al máximo hasta las limitaciones, poniendo a su favor decorados irreales como parte de la atmósfera, sacando el mayor partido a las ventajas de la infografía, y en general, ofreciendo historias  mucho más originales y llamativas que las que autorizan en una producción destinada a hacer mucha taquilla. Bunraku pudo tener mayores medios, pero siguió siendo una rareza en toda regla (y una fantástica). Repo! The Genetic Opera fue un musical donde se valían de los decorados y hasta de la estética de comic…Y si a este tipo de cine se le junta la financiación mediante crowdfunding y un guión de Tony Burgess, el resultado también puede ser de lo más inesperado.

 

Para más señas, Burgess es un escritor canadiense, especializado en el fantástico en su vertiente más extraña, que a menudo se ha encargado de guionizar sus propios libros para producciones como Pontypool, donde un virus zombie se extendía a través del idioma inglés, Septic Man, su versión sobre los superhéroes radiactivos, y que en Hellmouth narra una historia todavía más extraña: la del empleado de un cementerio, enfermo, cansado y cuya única esperanza es la de su cercana jubilación. Un vigilante a quien sus jefes le juegan la última mala pasada: el traslado forzoso, por tiempo indefinido a un nuevo camposanto. Este último viaje lo llevará de su anterior hogar, situado en una indefinida época similar a los años cincuenta e igual de gris, a una nueva localidad, todavía más extraña: donde el cementerio es una puerta al infierno, donde hay reclusos fugados, policías que saben demasiado, una dama en apuros, y donde un simple vigilante de cementerio, que solo quería volver a su hogar, deberá emprender un viaje a través del infierno para salvarla.

 



El guión es uno de los más ambiciosos que ha debido adaptar su autor. Empieza como una historia de terror de estética muy de los cincuenta, continúa como un homenaje al noir donde no falta una trama policial, al menos para ese segmento, también como un guiño a las historias de terror de la EC, pero mucho más retorcidas, y termina en una versión del mito de Orfeo y Eurídice con un viaje a través de los infiernos que se sabe, desde un principio, que no va a tener un desenlace final. Ahí es nada, la intención. El resultado, aún siendo un poco irregular, es interesante: hay elementos que no terminan de casar con el resto, y seguramente, el guión funcionaría perfectamente sin una trama sobre presos fugados que, salvo por la idea de meter más elementos propios del noir y un cameo del guionista, no sirve de mucho más. Otro de los elementos en la parte central que corta demasiado la trama principal es el diálogo y las secuencias donde se narra lo que sucedió con los anteriores vigilantes. Algo que para poder continuar con esta, resulta un poco superfluo y corta el ritmo de la historia (que, por otro lado, con tantos bloques y cambios de registro, no es demasiado fluida), pero que es muy disfrutable por la forma que tiene de incluir microhistorias que, al igual que las anteriores, no serían necesarias para continuar, pero sí aportan más atmósfera y se disfrutan por su estética. Algo que, tal y como plantearon la película, supone unos dos tercios de su interés.

 


El reparto es el habitual en las producciones donde participa Burgués: Stephen McHattie es el protagonista y el más reconocible, en su papel protagonista. Aún siendo un actor muy competente, aquí saca al máximo todo su potencial para resultar forzado y quizá sobreactuar un poco: su primera actuación donde intenta transmitir la idea de alguien envejecido y frágil es exageradísima, y parece sentirse mucho más cómodo en la segunda mitad de la película, donde su personaje se vuelve mucho más decidido y más encallecido. Si los escenarios están muy lejos de la estética real y no pretenden acercarse, el registro del resto de actores hace lo mismo: todos resultan un poco artificiosos, pero de forma intencionada, y parecen tener muy en mente los estereotipos del noir para interpretar a sus personajes. En el caso de la actriz protagonista, es todo un catálogo de los tics propios de las mujeres fatales y las damas frías, pero desvalidas en el fondo, que salían en las ficciones de detectives.

 


Queda finalmente lo más llamativo de la película, que es su estética. Que es lo más atractivo pero uno de los mayores fallos. Este ha sido uno de los casos en los que el uso de la infografía ha servido para sacar adelante una producción que de otra forma, habría sido imposible. Y que en algunos casos es toda una ventaja: esta permite jugar con los colores de forma que acompañen a la narración, empezando con una filmación en gris donde hay alguna nota de color, para acabar ocupando toda la pantalla de forma muy gradual, de forma que el público, al estar pendiente de la historia, apenas se da cuenta de cuando ha cambiado. El otro caso, es en los escenarios: desde los bosques retorcidos, las carreteras, hasta las estatuas que decoran el cementerio, en los momentos más brillantes, y a la hora de recrear las secuencias en el infierno, que sin ser una genialidad, resulta necesario. Porque cuando tienes una película hecha por crowdfunding y tienes que mandar a tu protagonista a un escenario imposible, o bien aprovechas el ordenador, o te hartas de poner cartón piedra que se va a notar.

 


En cambio, hay momentos donde recurrir a la infografía ha sido todo un desastre: se ha confiado demasiado en la infografía hasta el punto de pretender recrear criaturas animadas con ella, lo que hace demasiado evidente la limitación de medios y no pega en absoluto con los escenarios anteriores: los monstruitos que por suerte, aparecen poco, parecen sacados de la intro de un videojuego y quedan muy fuera de lugar comparados con los otros elementos, además de hacer patente las limitaciones de medios. Teniendo en cuenta lo llena de ideas que estaba la película, recurrir a otra técnica habría sido más adecuado: comic, ilustraciones, efectos artesanos…Algo que fuera más cercano a la idea inicial, porque en una producción como esta, no se busca tanto el realismo de los efectos como el que estos concuerden con la ambientación.

 

Hellmouth, además de ser una producción muy poco conocida, sin apenas distribución, es toda una rareza. Que no ha salido todo lo bien que esperaba, especialmente a la hora de juntar los temas y emplear los efectos especiales. Pero una película capaz de empezar en un cementerio de los cincuenta (o de la época que sea) y terminar a la orilla del río Estigia cuenta con toda mi admiración.

 

 

2 comentarios:

Anacrusa dijo...

Ni idea de que 'Pontypoll' fuese de Burguess. En la peli el protagonista también es Stephen McHattie, que lo hace muy bien. Habrá que ver esta 'Hellmouth', que eso de fusionar mitos griegos con estética de peli de terror de los cincuenta suena muy bien. Es una pena que este tipo de producciones no acudan a los efectos artesanales. En según que cosas, siguen siendo muy resultones, además de dar cierto aire 'clásico'.

Renaissance dijo...

Si, esta, Septic Man y Pontypool son de Burgess. Y Stephen McHattie es habitual en los guiones de este señor. Aunque al principio me desconcertaba un poco su papel, después mejoró mucho, cuando se vuelve más un héroe de los cincuenta.
Y lo de los efectos..el fallo fue el exceso de cgi. Una combinación de ambos habría sido mucho mejor para darle un estilo más clásico. Quizá se notara que fueran marionetas o artificiales, pero en este tipo de película se debería buscar más que fuera visualmente bonita, no que pretendiera parecer realista a base de pc.

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